lunes, 14 de abril de 2008

Mensaje en una botella

El verano aún no había llegado pero el sol nos regalaba los primeros rayos de la temporada, las nubes habían decidido ausentarse durante esa tarde de una primavera que aún asomaba tímida entre los ya, prácticamente, inexistentes restos del invierno y yo, aprovechando mi única tarde libre de la semana había optado por unas horas de paz y tranquilidad sentada en la orilla de la playa.
Mientras la suave brisa alborotaba ligeramente mi coleta, yo miraba al frente, al horizonte, intentando buscar el fin de algo que nunca encontraría, tratando de mirar más allá de la calmada marea y sin quererlo, me había sumergido por completo en ese precioso paisaje. Mi imaginación comenzó a funcionar, a lo lejos, la que antes me había parecido la mar más tranquila me invitaba a contemplar la mayor guerra de piratas, mientras, tras de mi, unos indígenas correteaban descalzos por la arena. De repente, algo golpeó mi pie, era una botella. La cogí, la examiné, parecía una antigua botella de whisky pero que ahora tenía otra cosa en su interior, un papel. Ansiosa saqué el corcho viejo y desgastado que aún desprendía cierto olor a alcohol y desenrollé el pequeño papel donde una caligrafía perfecta me decía "vuelve".
Abrí los ojos y los piratas habían desaparecido, los indígenas se había esfumado pero mi mano aún sujetaba con fuerza el viejo trozo de papel.

Hoy... me apetecía viajar sin moverme y soñar despierta.

sábado, 12 de abril de 2008

Cansada



Estoy cansada de discutir,
estoy cansada de que me des la espalda cuando te estoy hablando
estoy cansada de sufrir,
estoy cansada de llorar cada noche bajo la sábana de mi cama,
estoy cansada de mentir,
estoy cansada de mirarte a los ojos y ver a un desconocido,
estoy cansada de reír,
estoy cansada de aparentar que todo va bien,
el problema es que tú aún no te has dado cuenta.

miércoles, 9 de abril de 2008

¿Dónde está la diferencia?

Cuando tenía 9 años, veía a los de secundaria "supermayores" y soñaba con llegar ahí un día. Cuando llegué a la E.S.O la puerta de mi clase estaba frente a la de los de bachiller y pensaba que algún día yo también estaría ahí. Cuando cumplí los 17 por fin me encontraba en el sitio de los "mayores" pero deseaba soplar rápido las 18 velitas, la mayoría de edad, sin normas, pudiendo hacer lo que quisiese, sin trapichear a la entrada de un pub o una discoteca y ahora que tengo 21, ¿de qué me sirve ser mayor de edad? No puedo salir y entrar cuando me apetece, tengo que dar mil y un explicaciones para hacer las cosas, no puedo conducir porque, aunque tengo carnet, no tengo dinero para comprarme un coche, me sale un trabajo y no puedo cogerlo y ¿todo por qué? porque mis padres me lo han prohibido.
Así que aquí estoy, con 21 años, con las responsabilidades de un adulto pero las mismas prohibiciones que un menor.

lunes, 7 de abril de 2008

¡Qué más da!

Hoy he tomado una decisión.


Si volviera me iré si vuelve, quizá no quiera volverle a ver. Si te pierdo que más da, tú nunca me has querido y me da igual. Para ti sólo he sido un juego, una historia más. Si te pierdo que más da. Que más da, me da igual.
Efecto Mariposa




Una canción ha encontrado las palabras que yo necesitaba decir.

domingo, 6 de abril de 2008

Triste contradicción

Hace unos días, en una de mis visitas diarias al blog de una chica que se viste de sonrisas, leí un post muy curioso sobre las contradicciones que me ha hecho pensar en el tema. La cuestión, es que las contradicciones aunque parecen poco frecuentes, están más presentes de lo que creemos.
Este post me ha hecho darme cuenta de algo, de una cosa que creía imposible por tratarse de una clarísima contradicción pero que sin embargo, es totalmente cierta.
Siempre hemos sido amigos, desde que éramos unos renacuajos, y, aunque sólo coincidíamos en fechas concretas de nuestras vidas siempre ha habido algo especial, un cariño, una amistad. A pesar de vivir en ciudades diferentes la mayor parte del tiempo, las cartas los primeros años y el móvil y el messenger al final, han hecho que esa amistad perdurase y se fortaleciese a pesar de la distancia. Cuando me pasaba algo sabía que podía contártelo y que tú me escucharías.
Pero ¿ahora?, ahora que la distancia ya no es un problema, ahora que sólo vivimos a escasos minutos de camino, nos hemos convertido en completos desconocidos. Llevo tres años viviendo aquí y casi uno sin saber nada de ti. ¡Triste contradicción!

sábado, 5 de abril de 2008

El precio de una verdad

Las mentiras nunca son bien recibidas, nos gusta que la gente vaya con la verdad por delante. Pero, ¿cuál es el precio de una verdad?
Aún recuerdo aquel día en el que supe realmente lo que costaba una verdad, las consecuencias que acarreaba. Había sido una semana estupenda, todo iba sobre ruedas o al menos, eso creía yo. Tu llamada telefónica desató la que acabaría siendo una de las peores mañanas de mi vida. Todavía oigo aquella voz entrecortada pero aún así dulce al otro lado del hilo telefónico, no fuiste capaz de entonar las palabras con claridad al igual que tampoco podrías hacerlo minutos después. Cuando por fin estuvimos cara a cara, tu rostro hablaba por ti, nunca en tantos años me habías mirado así, nunca habíamos tenido una conversación sin tan siquiera rozarnos, pero ese día la tuvimos. Bueno realmente fue un monólogo. Llegaste me soltaste la "bomba" y te fuiste, aquellos minutos me parecieron horas y en lo único que pienso a día de hoy, es en cómo tus ojos trasmitían lastima, pero ¿por quién?, ¿por mi? o ¿era por ti?
Las cosas nunca volvieron a ser lo mismo entre nosotros, ya no solíamos hablar horas y horas como antes, todo se limitaba a un "hola ¿cómo estas?" movido por la educación, nuestros interminables cafés en el bar de la esquina habían terminado y nuestros encuentros casuales teñían el ambiente de tensión, rencor y dolor.
Por eso, aquel día, hubiese preferido la mentira que la cruda verdad.

viernes, 4 de abril de 2008

Curioso personaje

Hace tan sólo unos días que comenzaron los resúmenes de los castings de OT, donde Risto Mejide es uno de los tres jurados que determinan quién entra y quién no al programa televisivo, y han bastado tan sólo unos días para recordar el tipo de persona que se sienta tras esa mesa.
Habrá gente que admire la labor del publicista, gente entre la que yo no me encuentro. No creo que una persona que se dedica a humillar a los demás de esa manera se merezca ser el centro de atención. Frases como "todo lo que cantas huele a naftalina", "con qué nos vas a aburrir hoy" o "no me pagan lo suficiente para tener que aguantarte" ya han marcado esta nueva edición y han dejado llorando a algunos aspirantes. Y digo yo, si no le pagasen lo suficiente como para aguantar a quien se presenta a estos castings no estaría ahí o si tan incómodo se encuentra, ya sabe donde esta la puerta.
Por otro lado, este tipo de actos nos hacen plantearnos el tipo de sociedad en la que vivimos. Llega la hora de cenar y, ¿qué hacemos?, nos sentamos frente al televisor para ver como un tío se dedica a humillar a otras personas echando por tierra sus sueños, pero lo peor de todo, es que nos divierte y luego lo comentamos.
¿De quién es la culpa entonces?, ¿de Risto Mejide?, ¿de la producción del programa?, ¿de la cadena que lo emite? o ¿de todos nosotros por consentirlo?